Prácticas Monopolísticas Absolutas

Las prácticas monopolísticas absolutas u horizontales consisten en los acuerdos o combinaciones entre agentes económicos competidores entre sí, que restringen la competencia.

Estas prácticas siempre son dañinas, su análisis se realiza de conformidad con lo que se conoce como la "regla per se", es decir, para determinar la ilegalidad no es necesario valorar el tamaño del agente económico involucrado, ni sus motivaciones o justificaciones, ni el mercado afectado, ni sus efectos. Únicamente se deben comprobar dos elementos:

1. Que los agentes económicos participantes son competidores entre sí.

2. Que los agentes económicos han incurrido en alguna de las conductas tipificadas en el artículo 11 de la Ley.

 

El artículo 11 define las prácticas monopolísticas absolutas como:

Acuerdos para la fijación de precios

El inciso a) del artículo 11 tipifica como una práctica monopolística absoluta cualquier acto, contrato o convenio entre agentes competidores ya sea para fijar, elevar, concertar o manipular el precio de compra o venta al que son ofrecidos o demandados los bienes y servicios en los mercados, como el intercambiar información con el mismo objeto o efecto.

Este tipo de prácticas eliminan la competencia en precios en los mercados en que interactúan los agentes económicos, de tal manera que los precios de los bienes se sitúan por encima de los niveles que prevalecerían bajo una estructura de mercado competitiva y eficiente.

La práctica de fijación de precios es una de las más graves por el daño que puede ocasionar a los consumidores.

 

Acuerdos para limitar la oferta

El inciso b) del artículo 11 tipifica como una práctica monopolística los actos, contratos, convenios entre agentes competidores con el fin de establecer la obligación de producir, procesar, distribuir o comercializar sólo una cantidad restringida o limitada de bienes o la prestación de un número, un volumen o una frecuencia restringidos o limitados de servicios.

En general, este tipo de conductas pretende un control de la oferta del producto con el fin de manipular el precio del bien o servicio relativamente más alto.

 

Acuerdos para dividir el mercado

El inciso c) del artículo 11 tipifica como una práctica monopolística dividir, distribuir, asignar o imponer porciones o segmentos de un mercado de bienes o servicios, actual o futuro mediante la clientela, los proveedores y los tiempos o los espacios determinados o determinables.

Esta conducta consiste en la repartición del mercado en función de los clientes o zona geográfica, estableciendo pequeños monopolios y eliminando la competencia en variedad y opciones a los consumidores.

 

Coordinación o concertación en licitaciones

El inciso d) del artículo 11 tipifica como una práctica monopolística los convenios entre empresas competidoras para establecer, concertar o coordinar las ofertas o la abstención en las licitaciones, los concursos, los remates o las subastas públicas entre agentes económicos competidores entre sí.

La manipulación de licitaciones es especialmente dañina cuando afecta las adquisiciones públicas, ya que desvía recursos de los contribuyentes, disminuye la confianza del público en el proceso competitivo y socava los beneficios de un mercado competitivo.